martes, 16 de agosto de 2016

Una de lobos

El lobo es para mi la esencia del monte. Es el animal, cinegético o no que mas admiración despierta en mis adentros. Quizá sea por su condición de cazador, de cazador maestro además.

Estoy seguro que aquel ante-hombre que empezó siendo exclusivamente cazador-recolector, debió tenerle de ejemplo además de tenerle como feroz enemigo y fuerte competidor en la pirámide. En la cumbre de la pirámide ecológica. Debieron fijarse en el aquellos "monteros viejos" para aplicar sus técnicas de cazador social, que aun hoy, aunque muy emputecidas perduran en nuestras formas de caza y mas concretamente en la mas íbera que puede haber, la montería. En toda clase de batidas u ojeos en los cuales nuestros lobos son maestros consumados.

Hace dos años, tras los lobos en León.



He tenido la suerte de poseer coto desde siempre en zona lobera por excelencia como es la montaña Leonesa-Palentina y he tenido la gran suerte en esos cotos, de poseer si no todos los años, uno de cada dos, precinto para su caza. Además también he tenido la suerte de cazar en numerosas batidas tanto en León como en Zamora donde además de poseer precintos, se han visto los lobos y se han cobrado esporádicamente algunos. He podido cobrar un buen lobo en una de estas batidas y otro no tan bueno recechando en uno de mis cotos en León.


Aguardo lobero al aterdecer, en el punto donde me cruzaron dos tremendos lobos ( video anterior )


Además he tenido la grandísima fortuna de poder observarlos en bastantes ocasiones andando por el monte. Bien sin posibilidad de tirarlos por no tener precinto ese año, bien por no ir armado, o no darse las circunstancias de culminar el lance aun teniendo precinto para hacerlo. He podido ver también las escabechinas, las tremendas matanzas en el ganado domestico y he podido verlo cazar corzos en dos ocasiones distintas. Es una pieza relativamente fácil de cazar para ellos. Su territorialidad y su manía por dar vueltas y vueltas a su pequeño terruño les cuesta la vida fácilmente ante los lobos. También he fallado otro lobo algo largo, tengo que decir en mi descarga. En otra batida en León. Era otro buen lobo.


Con 12 añitos batiendo los pinares de La Teja ( buena zona lobera)

Y como les admiro profundamente, además de observarlos y cazarlos he leído y estudiado a fondo sobre ellos. Su biología, sus costumbres, sus leyendas y demás vicisitudes de su vida. Tengo muchas ganas de escribir sobre ellos. Aunque de momento sea solo en una entrada, larga eso si, de mi blog. Mucho me gustaría tener el tiempo y los arrestos para escribir algún día un libro sobre ellos. Sería algo inédito desde luego pues que yo sepa, no existe en nuestra lengua castellana, ningún libro escrito en exclusiva sobre el y su caza. Ojalá pueda hacerlo algún día yo mismo...

El lobo es un gran desconocido biológica y etológicamente hablando. Esto sin duda, es debido a su carácter extremadamente montaraz y misterioso. Y ojo, no es que viva lejos del hombre, todo lo contrario. Vive cerca, muy cerca, mucho mas de lo que pudiéramos pensar. ¡Cuantas veces uno u otro paisano habrán pasado prácticamente junto al encamo de los lobos sin enterarse!..Obviamente en nuestras zonas loberas de hoy, entre los ganaderos, pastores y demás habitantes de la montaña incluyendo cazadores, algunos si lo conocen. Bien por propia experiencia, bien por sabiduría o acervo popular trasmitido de padres a hijos. Pero ni mucho menos todos los habitantes de territorios loberos son conocedores profundos de tan enigmática fiera. La ultima de nuestras fieras.

Existen además numerosas creencias y chascarrillos entre estas gentes que son pura fantasía, agrandada en muchas ocasiones por su "miedo-odio" natural hacia el, mitos que son simple exageración en muchas ocasiones.

Tengo la suerte de considerarme amigo de Luis. Ganadero de la montaña leonesa que tiene su punta de vacas,- supongo que no por mucho tiempo mas-, debido a sus setenta y pico de años, dentro de las lindes de mi coto leonés de Cabrera.

Luis es hombre de pocas palabras como toda la gente que pasa tantas y tantas horas sola en el monte. Pero con el, he podido aprender mucho de lo que se de los lobos pues tenemos una relación magnífica y en mis viajes al coto tras los corzos o en la berrea tras los venados, es para mi parada obligada su casa, que pilla de camino a uno de mis cazaderos favoritos. Según la hora, acostumbro a desayunar, comer o cenar en su casa con el y su mujer casi todos los días que por allí paso. Además de aprovechar para preguntarle si ha visto algún corzo o algún venao que merezca la pena últimamente ( siempre me da buenas pistas, pues pasa todo el día por el monte ) hablamos un poco de todo. De la familia, de la vida en general y por su puesto del cruel enemigo para el, admirable fiera para mi.

El año pasado le hicieron una buena lobada matándole 4 terneros que le sacaron literalmente del cercado donde recoge de noche las vacas que está prácticamente dentro de la aldea. En las lindes con el monte, pero dentro de la aldea. Este triste suceso aconteció a principios del mes de Octubre y cuando el día 15 llegué yo a pasar mis 8 días de berrea que paso por allí todos los años en estas fechas, todavía podían verse los arrastrones que los lobos habían dejado ladera arriba al llevarse los terneros al monte para devorarlos. También me había guardado Luis los pocos cachos que encontró desparramados en la raya del monte, despojos que eran 4 hermosos terneros unos días antes.

Incluso 10-12 días después de la lobada impresionaba ver una pata, un trozo de piel y dos espinazos que fue todo lo que recuperó de sus ganados. El sostenía que tuvieron que ser al menos 4-5 lobos los autores, una buena manada. Esto no es muy común en nuestras tierras, donde siempre que he topado con los lobos ha sido bien con ejemplares solitarios, bien con la pareja pero nunca con un grupo tan numeroso. Pero si el lo dice así debió ser. Posiblemente fuera una pareja con sus cachorrones de un año. Que seguro, al poco tiempo debieron independizarse.

 No lo digo porque los lobos no formen manadas de ese tamaño y mayores, que lo hacen. Pero hay que tener en cuenta que en nuestras tierras no viven como dentro de las reservas, pues la presión a la que están sometidos es grande. No solo por nosotros los cazadores de los cotos, si no por las carreteras, ganaderos etc... Creo, -y es una teoría mía-, que por esta cuestión es menos practico para su supervivencia establecer grandes grupos o manadas fuera de los territorios mas protegidos.

Estuvimos Luis y yo tratando de dar con la manada en cuestión los sucesivos días que pasé recechando. Actividad que descuidé por este motivo lobuno, pero creo que ambos teníamos muy claro que todos los esfuerzos que hicimos serían inútiles aunque no nos lo decíamos. El lobo anda mucho de noche en sus correrías y yo al menos tenía muy claro que la manada saqueadora estaría ya quizás a 30 o 40 kilómetros del lugar de su fechoría.

Quizá parezca una exageración pensar en estas distancias, pero no lo es para nada, pues recorren tales y mayores en sus andanzas. Llegamos a matar una oveja para ponerla de cebo e intentar tirar al macho de la manada de esta forma. Por supuesto la oveja se pudrió y por allí no apareció ni la manada ni lobo ninguno. Esta forma de caza, siempre me ha aportado nulos resultados. Se que en ciertos lugares es de las formas mas seguras, pero una cosa es la reserva de La Culebra donde se les mantienen cebaderos permanentes y otra de la zona de la que estamos tratando, en la que como ya dije, los lobos son mucho mas esquivos y avispados si cabe.

Precioso ejemplar de cannis lupus signatus, o lobo iberico.


Donde se practica, como en las reservas, se suelen emplear cebos enormes. Tipo caballerías, vacas o algún gran venado de los que abaten los cazadores en los recechos, siendo además asegurados a algún tronco grande o roca por medio de una cadena, pues de emplearse piezas mas pequeñas como nuestra oveja y no amarrarlas, los lobos que de tontos no tienen un pelo, lo primero que harán será arrastrar nuestro cebo a lugares mas seguros. La postura del cazador, en la cual huelga decir ,que debe meterse este nada mas, debemos situarla a una distancia mas bien larga, pues los lobos nos detectarán fácilmente si la situamos a 40-50 metros como si un cebadero para aguardar cochinos fuera.

Hay que tener muy en cuenta las trochas o caminos loberos por los que ellos entrarán al cebo y no cortarles el paso y el aire como en todas las especies que cazamos. El lobo tiene mas olfato que ninguna otra, que ya es decir. En el caso de nuestra oveja y dado que según la pusimos empecé a realizar los aguardos el mismo día, lo vimos suficiente en cuanto a tamaño de la pieza, el resto se tuvo muy en cuenta.

Ya digo que en terrenos como el nuestro, nunca me ha dado resultado el cebadero, que he empleado en otras dos o tres ocasiones sin ningún éxito a pesar de hacerlo ante claros indicios de presencia lobera. Bien cagadas, huellas o restos de sus matanzas.

El lobo como las reses o cochinos, tiene sus trochas o veredas muy bien definidas recorriendo los montes sistemáticamente por ellas. Casi siempre situadas en grandes laderas mas bien por lo alto y también en los cortafuegos. Creo que pueden ser uno de los mejores sitios para esperarlos una vez comprobado el reciente uso por el, por medio de las pisadas, marcajes territoriales etc...
Es digno de ver como los recorren bien pegados a uno de sus margenes para pegar el tornillazo de inmediato, tragándoselo el monte al menos indicio de peligro. Tampoco me han dado resultado los aguardos sin cebo, aunque cierto es que no he tenido desgraciadamente el tiempo suficiente para dedicarles, pues con lo mucho que andan, lo suyo es dedicar con insistencia muchos días en la zona en que lo vimos o cortamos sus rastros.

Al final cobrar un lobo recechando o aguardando es ardua tarea que mas bien suele ser una casualidad mientras recechamos otra especie y tenemos la suerte de toparnos con ellos, además de otra serie de suertes como que no nos detecte el antes, pues sus instintos rayan el absurdo, multiplicando por 10 la astucia y precaución que pueda tomar un gran cochino por ejemplo, que ya es decir. Verlos andar por el monte basta para comprobar esta astucia, siempre pegados a la protección del monte, pasos sigilosos, hocico al aire cargándose de viento... No se como hay gente que puede confundirlos con un perro, lo que es común incluso cazadores.

En Noviembre del 93 cobré el primero de los dos lobos que he podido apuntarme en una batida de cochinos con autorización para lobo en la provincia de Zamora. En un coto lindero con la estupenda reserva de la sierra de la culebra. Esto de conseguirlo en una batida, es tan difícil o mas que hacerlo al aguardo.

Obviamente para montar la batida, en la cual participan un numero importante de personas entre puestos, perreros etc...es necesario el máximo sigilo para no ser detectados por el lobo y esto es una tarea dificilísima que mas bien atribuyo a la pura casualidad o ayuda por parte de varios factores ajenos a nosotros que enmascaren la jugada a los instintos de la fiera. Viento, nieve, temporal fuerte etc...Aun así suelen aguantar aplastados sabiendo la que se les viene encima y romper hacia atrás.

No obstante y como en esta ocasión en que yo tuve la gran fortuna, casi siempre se tirará el lobo al principio de la batida por el primer cierre que se coloque con ayuda de un viento favorable y antes de que se coloquen el resto de armadas y empiecen a moverse los perros, por ser el camino de escape escogido por los lobos al darse cuenta de que se les está cercando cuando intentemos montar el resto de posturas.

Aquel día el temporal era de ordago y mi postura de traviesa con una gran campera por delante no me pareció al llegar nada del otro mundo para que me pudiese entrar un buen cochino, pues lo del lobo ni lo barajaba en un principio, a pesar que sabía que la zona se prestaba y mucho para ello. No pensé que animal tan astuto se pudiera dejar engañar en esa batida, pero tuve la gran suerte, como pude componer después y como antes he comentado, que se dieran una serie de circunstancias todas juntas que me ayudaron en tan difícil lance.

El gran temporal que seguramente anquilosó los sentidos de la fiera y la colocación un poco posterior de la otra traviesa que estaba situada en un barranco a mi espalda ( yo estaba en unos grandes llanos ) me metieron de rondón una inmensa loba por en medio de aquellos pelaos a una distancia de 50 metros y a trote lobero. Terminaba de cargar mi querido Winchester 30/30 de palanca con visor Leupold de 1 a 4 aumentos y con tan rudimentaria y poco efectiva arma, pero lo suficiente para aquellas distancias y tras 5 disparos de los que 4 hicieron su trabajo, dos bien colocados en los costillares y los otros dos malamente en un jamón y en la panza, me hice con una estupenda loba de 7-8 años nada menos. Era un ejemplar descomunal, medalla de plata.

Mi gran loba zamorana
El 95% de los lobos que se cobran tanto en batida como en aguardo o recechando, no superan los dos años de edad. Son la mayoría ejemplares juveniles de 1 a 2 años que no han adquirido aun los tremendos conocimientos que con 7 u 8 años tienen estos magníficos animales.

Salieron otros dos lobos mas en aquella batida que se fueron indemnes. Creo que debo contar la que se lió en la junta con la dichosa loba, pues fueron para mi momentos de gran tensión que nunca olvidaré.Primero, porque aunque el abate de dicho ejemplar estaba perfectamente autorizado ( de no ser así jamás se me hubiera ocurrido tirar ) no faltaron varios elementos del pueblo próximo que aseguraban que no lo estaba y que montaron un lío tremendo al ver llegar mi gran loba.

Allí se presentó media comarca. Unos en el plan de los anteriormente mencionados y otros, ganaderos en su mayoría, que poco menos que me abrazaban y besaban como si les hubiera salvado de la peste. En un momento dado uno de los ganaderos se lió a garrotazos en la cabeza con el precioso animal y entre mi padre y yo nos las vimos para evitar que me dejara sin trofeo por tan expeditivo medio de la garrota.

Tampoco faltó la Asistencia de la pareja del Seprona para "dar fe" de tan curioso abate. Tras varias desventuras mas, pude llevarme el gran trofeo que mi padre envió a naturalizar de pecho y que hoy por hoy después de mucha caza en mis costillas considero mi mas meritorio trofeo de caza. Tenía yo 18 añitos por aquel entonces.

Años después, unos 4 o 5, tuve una nueva oportunidad también en batida. Esta vez en la provincia de León, concretamente en los montes de Cistierna. Me pasó el lobo a excesiva distancia y aunque le cogí bien con el visor, me pasó también muy tapado en un enorme brezal que solo me dejaba verlo entero y con claridad por momentos mientras ascendía una gran ladera echando mixtos y a unos 250 metros antes de que se perdiera para siempre en aquel espesinal le eché un tiro del .300 win mag, que no tuvo otro efecto que el de meterle al bicho aquel mas ganas de correr todavía.

Gran valle en Cabrera ( León ) de lo mas querencioso para lobo.


Debo decir que mi vecino de postura si tuvo una oportunidad de oro aquel día, pues le paso despacito cargándose de aires a menos de 70 pasos según me indicó después y no lo tiró por confundirlo con un perro (?)...Esto como ya he mencionado es bastante mas común de lo que pudiera parecer para los que amamos y conocemos bien al lobo y nos parece impensable la confusión.

El encuentro lobero que mas me ha marcado sucedió hace bien poco, dos temporadas. Me marcó sobremanera porque tuve la oportunidad de observar una pareja durante unos 10 minutos. Ellos tranquilos, a lo suyo y yo completamente alucinado. El caso tiene miga por lo que no me resisto a contarlo. La imagen quedó grabada a fuego en mi retina y nunca la olvidaré.

Un buen amigo de León sabiendo que yo pasaba mis 8 días de berrea que siempre paso por la zona cazando en mi coto de Cabrera, me invitó a intentar cobrar un buen venado que tenía localizado en un coto cercano al mío y que linda con la reserva de Río Camba en el termino de Cea. Tenía el coto de mi amigo, precinto de lobo ese año. Suelen darnos en los cotos de la zona tal privilegio en años alternos, rotándolos entre los cotos  de la comarca, la cual anualmente solamente cuenta con 4-5 precintos para tal fin, pues a pesar que la abundancia lobera en dicha comarca es notoria, cada vez mas, son las comarcas de la montaña las que mas precintos cuentan para la caza del lobo todos los años.

Aguardo en tierra lobera.


El caso es que mi amigo me acompaña a la zona por la que careaba el mencionado venado por la tarde. La zona me gusta desde un principio, pues se trata de un cerro de unos 300 metros de ancho por 400 de largo, sucio de pinos y algo de monte bajo, rodeado de dos enormes barrancos con varios grandes surcos que el agua ha ido horadando con las lluvias y que forman pequeños barranquetes dentro de los propios barrancos.
Y rodeada completamente, mas allá de los barrancos de siembras. A su vez, dichas siembras están rodeadas de grandes robledales de los que abundan por allí, de inmensos y viejos robles, tapizados a su vez de espesa mata de roble. Me llama sin embargo poderosamente la atención los pinos que adornan el cerro, pues no es nada común el pino en aquellos montes, excepto en la propia reserva de Río-Camba donde se repoblaron hace ya 50 años, buscando el rendimiento económico que proporciona dicha madera. Todos los demás montes autóctonos de la comarca son exclusivamente de roble-rebollo.

En una de las laderitas del cerro según nos vamos acercando despacito, está el venado a unos 250 metros. Está fijamente mirándonos a mi y a mi amigo que camina por delante y no lo ha visto. Le chisto para llamar su atención y que se pare y mientras me echo los prismáticos Leica de 10x42 a la cara, para valorar si es tirable. No solo es tirable, si no que es un gran venado para la zona, pero cuando voy a abrir el trípode para apoyarme y tirarlo, nos pega el rabotazo y se pierde cerro arriba en lo mas sucio, hacia el corono.

Mi amigo me comenta que es el venado que veníamos buscando y que el tenía localizado. Con la espantada y el tropel que lía el bicho, que como todos por allí, tiene el cuerpo de un caballo, nos podemos despedir de la tarde en esta zona. No obstante le pido a mi amigo seguir recechando el bonito cerro dándole la vuelta entera para conocerlo, pues pienso volver al amanecer y esta vez yo solo. Ya que mi amigo tiene tarea en el monte cortando leña de roble, pues un panadero de la zona le ha hecho un pedido de 4 carros. Terminamos la vuelta al cerro casi anocheciendo y sin mas incidencia que la de ver un par de corzas al otro lado, hacia las siembras.

Me pego a la mañana siguiente un madrugón de ordago, pues pretendo que me llegue el día al pie del cerro con el rifle ya cargado y preparado para que el venado no me sorprenda a mi primero. Cuando el día despunta, efectivamente estoy al pie de la ladera donde lo vimos la tarde anterior. He dejado el coche bastante lejos para no molestar y recorrido de noche y despacito bastante distancia hasta el cazadero. En el lugar que nos sorprendió la tarde anterior decido sentarme media hora por si en su careo se deja ver, pero pasado este tiempo por allí, ni venado ni nada y continuo bordeando a lo largo el cerro a paso de rececho y espiando cada rincón y cada mata como mandan los cánones.

Al llegar al final de los 400-450 metros de largo que tiene el cerro, decido en lugar de seguir rodeándolo, ascender por la empinada ladera que forma uno de sus lados, para, de esta forma y desde lo mas alto, poder dominar todas las siembras y las salidas de los robledales que hay por detrás.
Al llegar a lo mas alto, veo abajo al pie del cerro y en una de la siembras una corza. De repente, mientras la estoy observando por los prismáticos a una distancia de 250 metros, veo que estira el pescuezo como yo en mi vida he visto hacerlo a bicho ninguno y lo gira mirando nerviosamente hacia el robledal que tiene a su espalda. En ese mismo momento me doy cuenta que algo extraño, poco común viene por los robles. Algo que alarma a la corza de una forma bestial. Jamás he visto a un corzo en semejante trance y obviamente no es un perro, ni un hombre quien se acerca por el roble, si no algo que la asusta muchísimo mas, pánico es la palabra.

En ese mismo momento sale corriendo la corza como alma que lleva el diablo en dirección contraria al robledal hacia el que está mirando desencajada. Giro los prismáticos hacia la raya del monte y veo con los pelos de punta, como un enorme lobo sale del monte. Le sigue la loba, que lleva colgando de las fauces un cacho de corzo muy grande. El espinazo entero y un jamón. Por unos segundos me quedo petrificado, con la piel de gallina y maravillado por lo que está sucediendo ante mis ojos, mejor dicho ante mis gemelos. La pareja de lobos se para ¡en medio del sembrado! sentándose el enorme macho en un plano algo mas alto que la loba y de cara a mi, ¡es soberbio!, ¡es inmenso!..Tiene un pecho y una cabeza que quitan el hipo, jamás vi un lobo de ese tamaño.

La loba se mantiene unos 20 metros por debajo de el devorando el trozo, el despojo que rato antes fue un corzo o corza. En ese momento despierto y me doy cuenta que llevo el rifle colgado y mis instintos de cazador me obligan a intentar tirar tamaño lobo. Pero no es fácil el asunto ni mucho menos. Primero porque tomo distancia con el medidor y los tengo a 380 metros. Distancia que puede ser factible, pues conozco muy bien la balística de mi punta KS de 123 grains y los 40 centímetros alto que tengo que apuntar para metérsela al lobaco por el pecho, pues lo llevo al pelo a 200 metros.

Más de un corzo y rebeco he despenado a esta distancia con mi K95 y con esta misma punta. Basta dado el tamaño del bicho, colocar la horizontal de la cruceta en lo alto de la cabeza del lobo, no siendo necesario apuntar "al aire" por encima del el, lo que siempre significa un fallo seguro. Pero aquí viene el problema, estoy con los pies totalmente de canto en la empinada ladera, con lo cual al tumbarme y apoyar los codos, lo que es totalmente necesario para tirar a estas distancias, me voy a ver en la misma situación, a no ser que me equilibre con ayuda del macuto y el chaquetón que llevo puesto, lo cual lleva su tiempo.

Cometo además el error de tratar de meterlo en la cruz apoyándome en el trípode acortando una de sus patas, perdiendo un tiempo precioso y dándome cuenta como es lógico, que aunque tengo al lobo dentro del visor, el tembleque que tengo, que con los 10 aumentos puestos noto a la perfección, imposibilita totalmente el hacer un tiro con precisión. Trato de corregir el asunto echándome al suelo, pero es tarde. Los dos lobos han vuelto grupas y van hacia la raya del otro robledal, donde se pierden para siempre. La loba se vuelve a llevar el pedazo de corzo en las fauces, pero se le cae un trozo de pellejo con carne por el camino en medio del sembrado. Vuelvo a quedarme petrificado durante unos minutos eternos.



Mi padre y el amigo Rafa con la cuadrilla de Tino, Toñín y compañía sobre 1989


Una fresca mañana de Octubre de 2009 conseguí cobrar mi segundo y último lobo hasta el momento. Un macho de dos años. Como comenté anteriormente la mayoría de los pocos lobos que se cobran en nuestras batidas, recechos o aguardos, son ejemplares de uno o máximo dos años, ejemplares juveniles por tanto. Son lobos errantes, expulsados de la manada por el macho dominante que suele ser su propio progenitor y que ve en los cachorrones ya crecidos y casi preparados para la caza, serios competidores en su territorio.

Al ser expulsados andan despistados de un lado para otro, pues comenten frecuentemente el error de meterse en el territorio de otra manada, error que sin duda les costará otro disgusto y expulsión. En estas circunstancias se acercan mas de lo debido al hombre y a sus ganados, pues el hambre les aprieta y esto les cuesta la vida con dicho enemigo, que tiene menos miramientos que las otras manadas o grupos de su propia especie, los cuales solo les calentarán un poco los costillares y expulsarán.

Los lobos y lobas a partir de los 5 años adquieren un nivel de conocimientos del monte, de sus territorios y claro que si, del propio enemigo humano, que hacen muy pero que muy difícil cobrar un ejemplar con mas de 5 años sobre los lomos.

El lance de mi lobo a rececho fue muy rápido e inesperado, la verdad no iba pensando, ni me acordé ese día del lobo y cuando menos te lo esperas y recechas en tierra lobera...ZAS!

Subía un empinado cortafuegos al alba, todavía oscuro, pues pretendía esperar el día en lo alto de una gran ladera, desde la cual se domina mucho terreno y por la que suelen ascender los cochinos de retirada, despues de estar de noche levantando vegas y praderas. Iba mirando despistado del entorno, los rastros de los diferentes bichos que cruzaron el cortafuegos por si podía cortarle la pisada a un gran cochino de los que por esta época pululan por el coto que teníamos y cazábamos en aquel entonces. Cuando advertí la pisada de lobo. Como siempre que las veo y más si son frescas como aquella, los pelos se me ponen de punta y empiezo a darle vueltas al coco, solo imaginando poderme encontrar con mi soñada fiera.

Me puse entonces entre dos luces todavía, a registrar la ladera de enfrente por el lado del cortafuegos por donde debió meterse el lobo, con la suerte enorme de que la pisada en cuestión era mucho mas fresca aun de lo que había imaginado, y localicé con los prismáticos al lobo a unos 150 metros de distancia, en un pequeño clarete de culo, pero entretenido husmeando no se qué en lo mas espeso de una mata de brezo. Abrí rápidamente el trípode que suelo portar cuando rececho en terreno que no sea de alta montaña, y le envié un pildorazo sin mas preámbulo con el 7x65 y bala KS de 162 grains, que hizo perfectamente su trabajo entrándole por la espina dorsal y saliendo por el pecho, expandiendo a la perfección y haciéndole un estropicio en pulmones y parte del corazón, que no le dejaron sufrir ni un momento siquiera, murió sin enterarse, lo cual siempre es un alivio para un cazador.

Tremenda pisada de lobo en cortafuegos, despues de pasar con el coche al alba.


Corrí hacia el tronchando monte por la ladera por si hubiera que rematarlo pues lo perdí de vista tras el disparo y lo encontré completamente muerto en un espeso matón de brezo.

La alegría y la pena fueron enormes cuando pude acariciar su magnífico pelo de invierno ya. La sensación que solo un cazador puede comprender de que deseas poseer al magnífico trofeo, pero le devolverías la vida si pudieras en ese mismo instante. Por el tamaño y anchura de su pecho pude darme cuenta que no se trataba de un ejemplar viejo, pero tampoco era un lobato ya. Entre dos y tres años. La potencia de sus mandíbulas, de sus músculos maseteros, la anchura de su cráneo, el tamaño de sus muelas trituradoras de carne y huesos, me maravillaron una vez mas como cada vez que tengo en la mano uno de estos magníficos animales.

La fortuna se había aliado conmigo una vez más y me puso al magnífico Cannis Lupus Signatus por delante cuando menos lo esperaba, con las horas vanas que he pasado en su espera o las palizas de andar que me he dado buscándolos. Estos grandes cortafuegos perdidos entre montes solitarios son fantásticos lugares para tratar de dar caza al lobo, pues los recorren continuamente en sus correrías tras la caza. Pudiéndose cortar las huellas o cagadas muchas veces en los bordes de ellos y montar el apostadero dominándolos por si volvieran a cruzarlo. ¿Cuando?...Buena pregunta...He ahí el quiz de la cuestión.

En otro enorme cortafuegos muy similar de la misma zona, consiguió mi padre otro lobo hace 10 años. Iba subiéndolo y el lobo bajándolo en dirección a el, y pudo tirarle de frente enganchándole en un brazuelo. Un sedal, con tal suerte que la Teckel se lo encontró herido y sacandole los dientes rato después aplastado en un espeso brezal. La imagen acongoja al mas pintado. Un tiro de remate en la cabeza con el .243 terminó la discusión.

A propósito del impresionante cobro que le hizo la Teckel que además era la primera vez que inhaló los efluvios loberos por su pituitaria, me gustaría hablar brevemente de la relación entre el lobo y los perros.

Es sabido que la carne de perro maravilla al lobo. Puede que sea una de sus piezas favoritas. De entrar en una majada o aldea y poder devorar un perro, desdeñarán cualquier otra pieza que en principio pudiera parecer mas apetitosa, sea vacuno, ovino o caballar. Curiosamente siendo el perro tan cercano genéticamente al lobo. Siendo su antepasado vamos.

La mayoría de perros llevan en su código de instintos un miedo atroz al lobo. Incluso no habiendo tenido contacto alguno con el y sus fechorías. Es digno de ver como los mejores sabuesos, grifones o podencos salen con el rabo entre las patas y gimoteando de una mancha donde esté o haya estado el lobo recientemente.

Se dice que solamente los perros mastines o cruzados de este no temen al lobo. Lo que no quiere decir que un perro mastín por muy grande que fuera pueda el solito con un lobo. Esto para nada es así y normalmente en el 90% de las ocasiones de entablarse una batalla mastín-lobo el mastín será presa fácil para el lobo.

También depende mucho de las circunstancias, edad del mastín, experiencia previa, idem del lobo. Número de lobos, número de mastines y sobre todo si el mastín o mastines están acompañados y azuzados por el hombre, normalmente el pastor. Al hombre el lobo si le suele temer y no siendo una manada numerosa y hambrienta, un ejemplar extremadamente hambriento o incapacitado para la caza o un caso extraño, el lobo jamás acometerá al hombre. Se pondrá en fuga pues sabe del peligro de este para su integridad. Los mastines acometerán e incluso podrán matar al lobo si son varios, si el hombre les apoya en la labor.

Es bastante común por curioso que resulte visto lo visto, que es relativamente habitual que el lobo se cruce con mastina y viceversa también. Es solamente con esta raza, su máximo enemigo, con la que puede y suele cruzarse. He visto con mis ojos varios de estos híbridos, tanto vivos como uno muerto que se cobró en una batida en Zamora.

Y ahora vamos al caso de la Teckel, magnífica compañera, que no solamente llevó a mi padre hasta el lobo herido, muy entero por cierto, si no que lo rodeó y acometió dándole de parado hasta que mi padre pudo llegar a rastras entre los brezales a rematar la faena. Es para mi un caso inédito y no he oído todavía nada similar. Aquel día descubrí que no solo los mastines y cruzados de este, no temen al lobo, si no que nuestros magníficos compañeros, largos y chiquitines, valerosos como ellos solos, los Teckels, tampoco le temen... al menos la "Anca" no temió aquella mañana la poderosa mandíbula de lobo.


La valerosa Anca parece que quiere reivindicar su valor, posando con su trofeo


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